Bienvenidos a mi Rinconcito de luz...

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jueves, 20 de febrero de 2014

Tener hijos, es formar personas...Construir sociedades.

He sentido el amargo de la desesperanza
crecida en el corazón indómito del los hombres...



En estos últimos años el hombre ha sufrido una especie de "involución" emocional, por llamarlo de alguna manera, que ha traído como consecuencias un degenerado sistema de antivalores que es objetivamente visible por cualquiera.
El desgaste social, es inminente; por los equívocos de una sociedad viciada por el abuso del poder, el consumismo y una errada imagen del humano perfecto.
No es difícil observar a jóvenes queriendo competir los unos con los otros, promovidos por padres que en su afán de solventar las ausencias en el hogar siempre están ofreciendo mas y mas sin recibir a cambio el mas mínimo respeto y valor de su esfuerzo.
Hemos creado una sociedad del materialismo y consumismo desmedido, en parte, por la profunda necesidad de llenar vacíos emocionales y psicológicos.
La gran lucha por obtener mas comodidades y ofrecer mayores logros económicos, han servido como catapulta a un régimen de competencia, donde el que mas tiene mas puede. Así, como la distorsión de la propia imagen, donde las personas gastan grandes sumas de dinero en verse como las modelos de revistas y medios de comunicación.
Es necesario volver a re descubrirnos como seres espirituales donde la mayor riqueza está en la bondad, la solidaridad, la justicia, la amistad, la responsabilidad y el amor por todo lo que nos rodea. Valores inherentes a la calidad humana.
Mas sin embargo, el poder de los anti valores, van ganando la batalla en los seres humanos. Creando la falsa imagen del poder que les produce el tener mas.
Los niños y jóvenes de nuestra era ya no tienen un hogar verdadero donde todos los miembros puedan tener un espacio para interactuar y establecer un sentido de pertenencia en ese círculo que llamamos familia. 
Es difícil que ambos padres se mantengan en el hogar mucha horas, mas siempre se puede establecer un sistema organizado de pequeños encuentros de calidad con nuestros hijos, ofreciéndonos para escuchar sus inquietudes y sueños, conversando sobre las nuestras y lo que esperamos de ellos, brindando apoyo emocional cuando sea necesario y no atiborrarlos de cosas materiales que a veces es contraproducente en su delicado balance emocional. Ya que crecerán creyendo que todo se lo merecen sin dar nada a cambio.
Los NO están permitidos, siempre y cuando se les explique de manera clara el por qué. Y no se les debe recompensar siempre cuando ayuden en las tareas de la casa; ya que esto no es un trabajo de los hijos, sino una obligación y un deber como miembros de la familia.
Formar en nuestros hijos una conducta responsable ante sus actos, esto es determinante, porque contribuye grandemente a la formación de un ser que enfrenta sus errores y sus aciertos de una forma positiva y valiente.
También es importante que respetemos las diferencias individuales de nuestros hijos, su aspecto físico sobre todo. He escuchado a muchas madres decirles a sus hijas que deben operarse alguna parte de su cuerpo porque no es bonita. Nadie sabe realmente cuál es el prototipo perfecto de una persona. Lo único que contribuyen a profundizar el sentimiento de minusvalía y baja autoestima, hasta en muchos casos, la muerte.
En cuanto al desarrollo de valores espirituales, sean cual sea sus inclinaciones e ideales religiosos, es importante apoyarlos y encaminarlos por creencias positivas y donde puedan practicarlas de manera sana. esto crea un sentimiento de amor por los demás y por ellos mismos; a demás forma parte de ser humano.
Formar personas no es fácil, menos en nuestros tiempos. Pero como padres somos responsables de formar una sociedad mas sana y donde el Amor es la energía fundamental que mueve al mundo.

Antes que ellos crezcan
Hay un periodo cuando los padres quedan huérfanos de sus hijos.
Es que los niños crecen independientes de nosotros,
como arboles murmurantes y pajaros imprudentes.

Crecen sin pedir permiso a la vida.
Crecen con una estridencia alegre y, a veces, con alardeada arrogancia.
Pero no crecen todos los días, de igual manera, crecen de repente.

Un día se sientan cerca de tí en la terraza y te dicen una frase con tal naturalidad
que sientes que no puedes más ponerle pañales.

Donde quedaron la placita de jugar en la arena, las fiestitas de cumpleaños
con payasos y los juguetes preferidos?...

El niño crece en un ritual de obediencia orgánica y desobediencia civil.

Ahora estás allí, en la puerta de la discoteca, esperando que él
o ella no solo crezca,  sino aparezca.

Allí están muchos padres al volante, esperando
que salgan zumbando sobre patines y cabellos largos y sueltos.

Allá estan nuestros hijos, entre hamburguesas y gaseosas en las esquinas,
con el uniforme de su generación, e incómodas
mochilas de moda en los hombros.

Allí estamos, con los cabellos casi emblanquecidos.

Esos son los hijos que conseguimos generar y amar a pesar de los golpes,
de los vientos, de las cosechas, de las noticias,
y observando y aprendiendo con nuestros errores y aciertos.
Principalmente con los errores que esperamos que no repitan.

Hay un periodo en que los padres van quedando un
poco huérfanos de los propios hijos...
Ya no los buscaremos más de las puertas de las
discotecas y de las fiestas.

Pasó el tiempo del piano, el ballet, el inglés, natación y el karate.
Salieron del asiento de atrás y pasaron al volante de sus propias vidas.

Deberíamos haber ido más junto a su cama al anochecer, para oir su alma
respirando conversaciones y confidencias entre las sábanas de la infancia..

Y a los adolescentes cubrecamas de aquellas piezas llenas de calcomanías,
posters, agendas coloridas y discos ensordecedores.

No los llevamos suficientemente al cine, a los juegos,
no les dimos suficientes hamburguesas y bebidas,
no les compramos todos los helados y ropas que nos hubiera gustado comprarles.

Ellos crecieron, sin que agotásemos con ellos todo nuestro afecto.

Al principio fueron al campo o fueron a la playa entre discusiones, galletitas,
congestionamiento, navidades, pascuas, piscinas y amigos..

Sí, había peleas dentro del auto, la pelea por la ventana , los pedidos
de chicles y reclamos sin fin.

Después llegó el tiempo en que viajar con los padres comenzó
 a ser un esfuerzo, un sufrimiento,
pues era imposible dejar el grupo de amigos y primeros amoríos.

Los padres quedaban exiliados de los hijos.
"Tenían la soledad que siempre desearon", pero de
repente, morían de nostalgia de aquellas "pestes".

Llega el momento en que solo nos resta quedar mirando desde lejos, torciendo y
rezando mucho (en ese tiempo, si nos habíamos olvidado, recordamos cómo rezar)
para que escojan bien en la búsqueda de la felicidad, y que la
conquisten del modo más completo posible.

El secreto es esperar... En cualquier momento nos pueden dar nietos.
El nieto es la hora del cariño ocioso y picardía no ejercida en los
propios hijos, y que no puede morir con nosotros.

Por eso, los abuelos son tan desmesurados y
distribuyen tan incontrolable cariño.

Los nietos son la última oportunidad de reeditar nuestro afecto.
Así somos, solo aprendemos a ser hijos después que somos padres,
solo aprendemos a ser padres después que somos abuelos...

  Anónimo.







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