Bienvenidos a mi Rinconcito de luz...

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miércoles, 21 de mayo de 2014

El águila Calva y la Mujer (Cuento) Cuando el Amor, va mas allá de las apariencias.

Aunque he estado alejada un poco de mi Rinconcito de Luz. Quiero retomar mi blog iniciando con un hermoso cuento de amor, que cree con el corazón para compartir con mis lectores. 
Espero les guste!





El águila Calva y la Mujer

(Cuento)

Había una vez un águila calva, majestuosa, única en su especie. Gustaba de volar alto y vivir aventuras nuevas en cada uno de sus vuelos.  Tenía un corazón justo y valeroso. Siempre dispuesto a ver todo con objetiva precisión, sonreía siempre y hacia amigos donde quiera que llegara. A pesar de ser sólo un águila, era poseedor del don de leer y comprender los más ocultos mensajes que se escondían detrás de las letras.
El águila calva, a pesar que tenía su propio nido, no se sentía feliz del todo. En su mundo nadie compartía el amor por la aventura  y la libertad que se revelaban en su corazón. Ni siquiera por escuchar lo que quería compartir y las historias miles que había leído en su andar por la vida. De hecho, se sentía solo en muchas ocasiones y buscaba anhelante otros nidos donde disfrutar de sus placeres. Más en ninguno se pudo quedar, y regresaba cansado e impotente al suyo. Casi debatido y sombrío. Inmerso en su mundo solitario, en su corazón, porque en apariencia sonreía ante sus semejantes y continuaba con su rutinaria vida.

En uno de sus vuelos por el mundo y ya cansado y dispuesto a rendirse; pues, ya no tenía la juventud, ni la energía de antes. Vislumbro a lo lejos a una mujer que al igual que él, los años habían hecho estragos en su piel, pero continuaba con la ternura de una niña y la sonrisa traviesa y picara de las adolescentes. Estaba sentada frente al mar, perdida en sus pensamientos, con una cantidad de hojas en su regazo y un lápiz casi desaparecido entre sus dedos negros llenos de carbón.
Se posó en un arbusto cerca de ella y observó desde ese punto cada movimiento, cada expresión y cada gesto que ella hacía. Con cada uno de ellos, su corazón palpitaba cada vez, sentía su respiración  agitarse y la reconocía en un mundo distante, en otra vida, en otro cielo.
Nunca había tenido esa sensación con ninguno de los tantos nidos que había visitado, ni con ninguna otra ave encontrada en su camino; solo que esta no era un ave, ni siquiera un animal de las especies conocidas. Era una humana.
“Cómo acercarme a ella sin que se sobresalte o piense que voy a hacerle daño”. Tales pensamientos inundaban su mente curiosa por la mujer. Mas esta, tuvo esa intuición que tenemos las personas cuando sentimos que alguien nos mira y con un suave movimiento de su cabeza, como tratando de alejar su cabello negro y largo de su rostro, quedó con sus ojos muy abiertos frente a los de él y sin un ápice de temor lo miró. Su corazón se aceleró repentinamente como cuando se está frente al ser amado. Solo pudo sonreír y esa sonrisa se convirtió para el águila calva, en el gesto mas hermoso que había visto en un rostro cualquiera que sea su especie. Ella alargó su mano, una mano apergaminada por el tiempo, se observaban algunos callos en la zona donde el lápiz se posaba y en otras zonas, tal vez por tanto trabajo y tanta labor. Mas sin embargo, se acercó a esas manos y se dejó acariciar sintiendo que detrás de esas durezas, había una calidez que le quemaba el cuerpo y el alma. Estremecido por aquel contacto, maravilloso, que despertaba mil sensaciones que convergían de distintos puntos de su cuerpo, no tenía deseos de apartarse, quedarse allí y disfrutar de esa sensación que lo hacía ceder, y si era preciso morir, valía la pena que fuera en ese instante.
En la mujer misteriosa también estaban ocurriendo sensaciones intensas;  a través de su mano recorría una energía poderosa que la hacía temblar, su cuerpo se estremecía y llenaba de un sentimiento de amor por esa hermosa ave, casi al punto de quererla abrazar, llevársela y hacerla suya. Pero en su mente conocía sobre la naturaleza salvaje del ave y retenerla sería como matar su esencia y su corazón.
El miró los papeles que ella mantenía en su regazo y descubrió sus escritos, poemas maravillosos que la mujer escribía con pasión y hasta un poco de lujuria, hermosamente descritos en versos, como una manifestación de su propia sensualidad escondida detrás de las letras y expresadas en forma tal que sólo muy pocos podían entender.  El águila calva, entendió no solo ese hedonismo expuesto en aquellos poemas, sino también el deseo oculto de vivir y experimentar nuevas aventuras que amargamente se habían sepultado en una vida sin sentido, ni motivación. Ella al igual que él, se mantenían en la seguridad de sus nidos indiferentes a sus espíritus soñadores e inquietos.
Cada tarde él volaba hasta la playa dónde ella lo esperaba ansiosa para acariciar su plumaje que brillaba con cada rayo de sol. Era su instante, único y secreto. La mujer cada día escribía con mayor pasión,  con cada sentir, con cada caricia, con cada cercanía del ave, despertaba en ella nuevas sensaciones y  deseos de crear. Su lápiz se deslizaba como lleno de magia y nueva vida sobre aquellas hojas de papel  produciendo escritos cada vez mas complejos y hermosos.
Estaba renaciendo una nueva forma de amar, una nueva manera de mirarse y comunicarse sin palabras. Se había creado entre ellos un código secreto para expresar lo que sentían uno por el otro. Muchas veces solo contemplaban el mar entristecidos por la diferencia que claramente existían entre ellos. Diferencias solo en lo externo, porque sus almas se complementaban y se volvían uno dividido en dos cuerpos.
Un día el águila tomó una decisión y halándola del vestido la guio hasta la estación del tren. Ella lo miró sonriendo y señalo uno a uno de  los destinos que se publicaban en una cartelera; él con indiferencia, la volvió a tomar del vestido y  le indicó la taquilla de boletos. Claramente le expresaba que no se preocupara por hacia dónde debía ir, sino por disfrutar del simple viaje por el mundo. Las personas que se encontraban en la estación del tren, miraban algunos con asombro de que un animal de su especie estuviera tan cerca de los humanos, otros trataron de agarrarla y algunos simplemente observaban con curiosidad. Mas la mujer lo protegió de todos y le dijo con su voz dulce, que para él parecía música en sus oídos, que la esperara afuera.
Y así ambos emprendieron el viaje, ella de vez en cuando miraba maravillada su vuelo a través de la ventana del tren. Y escribía, escribía mucho y después de compartir con su amada ave sus poemas  los enviaba a una revista donde los publicaban y con eso podía costearse sus recorridos. Siempre en tren, por todas las ciudades, en cada pueblo, en cada lugar, no importa el destino a dónde fueran lo importante es estar juntos. Cada día era una nueva vida, una nueva aventura.  Él había encontrado una compañera con quien  compartir sus anhelos y ella, un ser que la aceptaba y la amaba mas allá de su apariencia. En sus corazones solo existía la felicidad, más sin embargo, el águila calva no había abandonado completamente su nido, en ocasiones regresaba a su hogar y  ella entendía que así debía ser. En momentos,  pasaba algún tiempo sin saber de su amada águila, pero  sabía en su corazón que él la extrañaba tanto como ella a él.
Hubo un día en que  él se quedó mas de lo usual y ella cansada físicamente por tanto viaje, aunque su corazón seguía siendo el de una niña traviesa, decidió quedarse a esperarlo. Pero  sus manos ya no querían escribir  como antes y su cuerpo no respondía con el mismo entusiasmo. Había una extraña nostalgia en su mirada y una tristeza que no comprendía, en su alma. Y una mañana en plena primavera, no volvió a despertar.
Su águila se posó en la ventana de su habitación y desplegando una de sus alas la invito a volar junto a él. Ella al principio no entendía lo que sucedía y con una vivacidad desconocida saltó renovada de energía y con asombró vio sus propias alas, se había trasformado en una hermosa águila calva como su amado, por fin ambos estarían juntos. Sólo con el amor que habían descubierto más allá de la diferencia de especies.



Misaida Córdova Vallejo
Cumaná, estado Sucre, Venezuela
21 de mayo de 2014




5 comentarios:

  1. Amiga , me has hecho llorar ... simplemente hermoso!!

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  2. Gracias, un relato de amor, para los que saben amar...

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    1. Para lo que sabemos amar ... y para los que no quieren volar!!! :D

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  3. Imagino las musas que placen tu pensamiento, que suben en tu piel atravesando tu alma donde el amor alberga esbelto.

    Donde saber a qué sabe el amor, solo es posible cuando en verdad se ama. Puesto que sabe al ser amado, a su aroma... Con el cual se sienten sus labios que recorren por vuestro cuello y que ahogan. Que queman e invaden el ser por entero, que hacen de un rincón cualquiera un lecho… Que se convierte en el edén mismo.

    Plasmada esta la complicidad de dos almas que se dejan amar deliciosamente en cualquier atardecer, que se permiten estar entre brazos y alas o cualesquiera que fueren sus extensiones, con ardiente pasión que devora.

    Me encierra, me envuelve y me declaro admirador vuestro, que saborea cada una de vuestras mágicas letras que transporta mi pensamiento a los mil escenarios que tu lírica plasma.

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    1. Gracias mi querido Coi, siempre tan exquisito con tus palabras.... Esa admiración que dices sentir por esta humilde escritora es correspondida por la belleza de tus letras!

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