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Las Cinco Libertades de Virginia Satir

Feliz inicio de semana queridos bloggeros.

Para refrescarnos un poco sobre nuestra condición de ser humanos, únicos y esplendidos, perfectamente hechos a imagen y semejanza de Dios, quiero evocar a una mujer maravillosa en toda la extensión de la palabra y aunque me hubiera gustado conocerla y aprender mas de ella, admiro su trabajo y he leído mucho sobre su forma de ver la vida y comprenderla.
Ella es Virginia Satir, una trabajadora social y autora de muchos textos donde escribió sobre sus experiencias y aprendizajes obtenidos a lo largo de su carrera.
Una de ellas es la ponencia sobre las Libertades Humanas, un concepto hermoso sobre como el ser individual puede conectarse consigo mismo y con los demás, desde un enfoque sencillo y muy acertado.

Virginia Satir habla sobre las cinco libertades que toda persona tiene y estas son:

La libertad de ver y oir lo que hay, en lugar de esperar lo que debería ser, lo que era o lo que será.  Puede interpretarse como la libertad que tenemos de vivir el presente, ser observadores de las cosas de manera objetiva y verás; así como oírlas e interpretarlas… Existen individuos con visión y audición “selectiva”, es decir ven y oyen lo que quieren oir. Temen a enfrentarse a ciertas situaciones por miedo, por desconocimiento, por desinterés o porque les causa dolor.
Por otra parte, pierden su tiempo y su vida esperando algo que tal vez nunca llegue y por tanto, esa espera no lo deja vivir el presente.

La libertad de decir lo que siento y pienso, en lugar de decir lo que pienso debería decir. En la mayoría de los casos la gente siente temor de expresar sus verdaderos sentimientos y emociones, para no causar daños a terceros. Pero es recomendable hablar desde el corazón porque cada quien es libre de elegir su propio destino. Tener esa conciencia de que Yo Soy un ser individual y por lo tanto soy libre de sentir y expresarlo abiertamente. No de lo que “debo” decir, al final, nos convertimos en seres reprimidos, infelices y amargados.

La libertad de sentir lo que siento, en lugar de sentir lo que creo que debería sentir. Así como tenemos la libertad de expresar las emociones, somos libres de vivirlas y sentirlas. Muchos padres tienen la idea errónea que los niños no lloran y son obligados a tragarse sus lágrimas y su dolor. Todas las personas, hombres y mujeres, tenemos esa libertad. Si algo nos causa alegría, reírnos a carcajadas si nos provoca, así también con el dolor, llorar si es necesario. No solo porque es sano para el alma, sino que nuestro cuerpo físico lo agradecerá como seres integrales (alma, cuerpo y mente) es ciencia, ya sabemos que reprimir los sentimientos es la causa de muchas enfermedades del cuerpo y por lo tanto debemos secarlas al exterior para mantenernos en equilibrio emocional, físico y espiritual.

La libertad de pedir lo que quiero, en lugar de esperar el consentimiento ajeno. Somos libres de decir qué y cómo quiero las cosas. Es mi libertad de escoger lo que quiero ser en la vida. Muchos se estancan en trabajos, relaciones, oficios, etc. Porque necesitamos la aprobación de los demás… Tenemos temor de tomar nuestras propias decisiones por miedo al qué dirán o por no asumir responsabilidades en caso de que no sean las correctas… La toma de decisiones, es lo que nos da la garantía que ya crecimos y maduramos y por lo tanto asumimos las consecuencias de nuestros actos.

La libertad de correr mis propios riesgos, en lugar de conformarme con la seguridad. Finalmente, llegamos al meollo del asunto. Nadie quiere correr riesgos y preferimos acurrucarnos en una zona de confort perenne por miedo a ser dañados, a fracasar o por comodidad.

Al reflexionar sobre las libertades humanas de Satir, todo concluye en el Miedo. Ese miedo que paraliza y no te deja ser completamente libre y autónomo. Que solo se logra con madurez y auto respeto.

Ser libres no significa dañar a otros tomando decisiones que arrastren con la vida de los demás, sino entender que tenemos esos derechos inalienables y que son nuestros desde el mismo momento en que somos concebidos. Comprender que no son tuyos o mio; son de todas y cada una de las personas que existen y así como podemos ejercerlos con libertad, los demás también tienen ese derecho.

Virginia Satir
Conexión con uno mismo y con otros.

Concédete el permiso y la libertad de conectarte íntimamente
con cada una de tus partes; con todas tus partes.
Siéntete como eres: libre de tener opciones; libre de usarlas libre y creativamente.  Acepta y reconoce que lo que hayas hecho en el pasado fue lo mejor que pudiste hacer con tus conocimientos de entonces. Tus acciones reflejaron tu conciencia. Y mientras avanzas aceptando y con interés por profundizar tus conocimientos de ti mismo y del mundo estarás haciendo mejores conexiones con tus partes interiores y mejores conexiones en tus vínculos con los demás. Estarás mejor conectado contigo mismo y en medio de esta conexión adulta, amorosa y productiva podrás establecer conexiones más sabias y productivas con el mundo que te rodea.

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