Hay un momento en que te vas quedando solo. Los hijos se van
desprendiendo del nido y abren sus alas para emprender la aventura que es la
vida.
Es la ley y el destino de cada ser humano.
Nada más hermoso que ver crecer a nuestros hijos, sentirnos
plenos con cada éxito y logro alcanzado por ellos. Sin embargo, no todo es color
de rosas. Siempre existirán momentos de angustia, tristeza y hasta pánico
durante el proceso. Sobre todo en la etapa de la adolescencia.
En la actualidad, los chicos crecen a pasos agigantados, no
sólo en cuerpo, sino en pensamiento. Eso no lo podemos ocultar, debido a la
gran cantidad de información que les llega de las redes sociales, el internet y
la misma sociedad.
Es común oír a los adolescentes hablar de drogas, alcohol,
rumbas, “cuadres”, sexo, entre otros temas que asustaría al adulto más
experimentado. La realidad es que no podemos hacer mucho para evitar esto.
Pero sí enfrentarla!!!!!
El secreto es no asustarse en primer lugar. Muchos de
nosotros sentimos tanto miedo que no sabemos cómo manejar la situación y
terminamos gritando, perdiendo el control.
Hay que dejarlos hablar, tienen tanto que decir que a veces
nos atormentan con tanta palabrería que nos parece inútiles; yo misma lo he
sentido. Pero si los dejamos expresarse podemos conocerlos mejor, saber qué
hacen cuando están con los amigos y qué tipo de compañías tienen.
Conociendo toda esa información podemos orientarlos e ir
hablando sobre las consecuencias de tomar decisiones “incorrectas” que
afectarán su futuro.
Tengo una adolescente de trece años que siempre me habla de
lo mucho que le gustan los tatuajes y piercing. Le di permiso para hacerse uno
en la oreja (aunque la muy rebelde se perforó el ombligo a mi espalda). Cuando
me enteré por ella misma, me molesté muchísimo por supuesto. Pero me calmé,
respiré profundo y le dije que era una lástima que lo hiciera, ya que no podrá
lucirlo hasta los 18 años.
Como es común, los jóvenes siempre quieren respuestas…. ¿Mamá,
por qué no me puedo hacer un tatuaje?.... Mi respuesta siempre es: ¿Recuerdas
cuando te antojaste de esto o aquello, lloraste para que te lo comprara, lo
usaste por dos semanas y después te aburriste? Puede pasarte igual, con la
diferencia que esto será una marca permanente en tu cuerpo.
El punto con los jóvenes es que les gusta “llevar la contraria”,
llamar la atención, se sienten solos, incomprendidos, angustiados, ansiosos,
desmotivados o simplemente están en una edad de descubrimiento. Lo quieren todo
y probar de todo. Por eso es peligroso este espacio de tiempo.
De aquí que “hacerse su amigo”, sin serlo por completo, ya
que tenemos que dejar muy en claro que somos los padre. No se debe permitir
pasar los límites ya que se pierde autoridad y el respeto ante los hijos.
Lo que se quiere es ser parte de su mundo para saber cómo
atender a tiempo los llamados de atención y posibles alertas de peligro que
pueden afectar la vida de los hijos.
Por mucho trabajo que tengamos, por muy cansados, por todo
el ajetreo del día; con la regla de los 15 minutos puede servirnos para darles
un tiempo de escucha a nuestros hijos. Simplemente se trata de sentarnos por 15
minutos en la mañana, 15 en la tarde y otros 15 en la noche antes de
acostarnos.
Esta simple regla, contribuirá a hacerlos sentir que son
importantes y que tienen un espacio en nuestras vidas. Yo la he puesto en
práctica y me ha servido para tener charlas de chicas con mi hija. Ella la
observo más tranquila y ya no hace cosas para “llamar la atención”.
Finalmente, es fundamental mantener el control. Los
adolescentes son retadores y no se debe permitir caer en su juego de poderes.
La comunicación asertiva es el inicio de una buena empatía (ponerse en el lugar
de otro) y recordar cómo nos sentimos a su edad. Dar normas claras, en
consecuencia a su edad y dinámica actual.
Sobre todo, decirles cuanto lo amas y explicarle que te
preocupas por él o ella. Que siempre estás ahí para cuando lo necesites y que
se mantenga en contacto cuando salgan. Permitirles traer a sus amigos a la casa
y dejarlos que se expresen con la música que les gusta, que se sientan en
libertad de cantar, bailar, hablar en su propia casa. Así no tendrán que irse a
otro sitio para hacerlo.
Más vale un hijo en la casa donde podamos verlos, que afuera
sin ningún control.
Espero que esta experiencia les ayude para enfrentar como
padres, madres y tutores de adolescentes…. Siempre es bueno compartir para
seguir creciendo.
Les dejo este corto video, tal vez sirva para entender cómo se sienten nuestros hijos:


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